| ¿Qué son los trovadores o juglares? Los trovadores son, en la actualidad, cronistas urbanos que llevan sus historias a cuestas. En su comienzo histórico, deambulaban transmitiendo mensajes de boca en boca; con su música decoraban el contenido y con la guitarra (el laúd en ese entonces) conquistaban a sus oyentes. Esta herencia fue recibida en nuestras tierras y hoy los trovadores proyectan sus pensamientos y sentimientos por los teatros, festivales populares, bares y otras manifestaciones.
Los trovadores y juglares (también juglaresas, pues había muchas mujeres en el oficio) comenzaron su actividad en los reinos de León y Castilla, donde recorrían pueblos y caminos entreteniendo a la población con malabarismos y recitando, al son de diversos instrumentos, las gestas de los grandes caballeros, las decisiones de las Cortes, lo que pasaba en los distintos reinos y las batallas y pasiones entre moros y cristianos.
Pero su popularidad creció de forma tan vertiginosa en la Península Ibérica que al poco tiempo su presencia se extendió a otros reinos cristianos e incluso a los musulmanes. A partir del siglo XII se introdujo en la Península Ibérica, desde la Occitania francesa y a través de los condados catalanes, la tradición trovadoresca. De este modo, el repertorio se amplió con nuevas composiciones más líricas y amorosas.
Durante gran parte de la Edad Media, juglares y trovadores gozaron de un extraordinario éxito en los reinos hispanos, tanto cristianos como musulmanes, y esto permitió el intercambio de conocimientos y el mestizaje musical al margen de los conflictos territoriales y los recelos religiosos que enfrentaban a unos y otros en la época.
Y como consecuencia de su incesante actividad y los continuos viajes que realizaban por toda la Península, juglares y trovadores contribuyeron de manera fundamental a la difusión de las diferentes formas musicales y poéticas de la España medieval y a propagar las lenguas romances derivadas del latín que empezaban a tomar cuerpo entre el pueblo llano, especialmente el catalán, el castellano y el galaico-portugués.
Además, la incorporación de juglares judíos y moriscos (musulmanes cristianizados) en la profesión ayudó a que las lenguas árabe y hebrea se mantuvieran vivas en los reinos cristianos.
Pero tras sus inicios bohemios recorriendo caminos y villas, la actividad de juglares y trovadores se trasladó a los salones y capillas de castillos y palacios, donde se instalaron como músicos profesionales al servicio de nobles y reyes. Y en ese marco tan aristocrático la técnica instrumental alcanzará su mayor avance, ya que en su nueva función de músicos cortesanos, también llamados ministriles, los antiguos juglares y trovadores cumplirán dos cometidos fundamentales: por un lado, interpretar música culta, refinada e íntima en conciertos de cámara o capilla acompañando a los cantantes, y por otro, amenizar las veladas y fiestas con una música más alegre y desenfadada.
El término juglar hacía referencia a diferentes significados, como lanzadores de cuchillos, equilibristas o domadores. Pero el juglar cantor era un artista ambulante que cantaba y tocaba diferentes instrumentos musicales, pero eran meros intérpretes.
Los trovadores, en su mayoría, se dedicaban a la composición de letras de canciones y en ocasiones cantaban sus obras. Ellos eran como los cronistas de su tiempo; retrataban su cultura y la llevaban a remotos lugares. Partían por los caminos con sus instrumentos, como el inseparable laúd (pariente lejano de la guitarra) y con sus letras que trataban sobre mujeres y amores imposibles. También llevaban noticias sobre decisiones de las cortes. Y como la cultura de esos tiempos era solamente oral, muchas de sus canciones se fueron perdiendo.
Estos músicos-poetas recibían diferentes denominaciones dependiendo de la zona donde realizaran sus composiciones. Los troveros procedían del norte de Francia, mientras que los trovadores desarrollaron su obra en el sur. En Alemania se llamaron “minnesingers”.
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